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PONTIFICIA,REAL,MUY ILUSTRE Y VENERABLE ARCHICOFRADIA DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA SANGRE, MARIA SANTÍSIMA DE CONSOLACIÓN Y LÁGRIMAS Y DEL SANTO SUDARIO

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Presentación del cartel

De los artistas Maribel Romero y Manuel Peláez para la Pontificia Real y Venerable Archicofradía del Santísimo Cristo de la Sangre y María Santísima de Consolación y Lágrimas y del Santo Sudario. Pronunciado por Diego Ceano González en la iglesia de San Felipe Neri. Día 3 de marzo de 2012.

 
Diego Descubriendo Primera
Diego Ceano presentando el Cartel y Autores. Descubriendo el cuadro. Mario Moreno, Hermano Mayor de la Hermandad y Autores, Maribel Romero y Manuel Peláez. Primera Exposición del cuadro que da origen al Cartel.
Foto Prensa Recordatorio Evento
La foto de prensa. Entrega de Recordatorios. Presentación del Evento.
Maribel Alumnos Manolo
Maribel Romero. Alumnos y Profesores. Manuel Peláez.
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CARTEL
Cartel La Sangre 2012
Obra Realizada en Óleo sobre tabla, decorado con metal Repujado. Medidas 142x100 cm.
     

Presentación del cartel de los artistas Maribel Romero y Manuel Peláez, para la Pontificia Real y Venerable Archicofradía del Santísimo Cristo de la Sangre y María Santísima de Consolación y Lágrimas y del Santo Sudario. Pronunciado por Diego Ceano González en la iglesia de San Felipe Neri Día 3 de marzo de 2012

 

 

Dios te Salve Reina y Madre, Dios te Salve Madre mía, Madre de todos los que te queremos y más Madre de los que sufren o de los que se han apartado de tu lado. Porque Tú, como Madre, quieres a todos tus hijos, especialmente a los infortunados, a esos que menos tienen, a esos a los que sólo les sobran las dificultades o a los que han elegido otro camino menos recto para caer en tentaciones vanas.
         María Santísima de Consolación y Lágrimas, Santísimo Cristo de la Sangre, velad por todos nosotros.

         Se me ofrece hoy, un honor que para mi es muy especial, es un honor, que yo agradezco de manera infinita.      
         Se me da la oportunidad de que hoy os hable ante los que han sido, a lo largo de mi vida, mis advocaciones más queridas, que os presente una nueva joya que irá engarzada en ese precioso collar de arte de mi querida archicofradía y que le cante con mis pobres palabras a las que han sido, como muchos de ustedes saben, el refugio de mis plegarias; porque desde muy pequeñito, esa Madre de Consolación y de Lágrimas siempre me ha acompañado junto a su Santo Hijo, ese Cristo ensangrentado, que siempre he tenido muy presente, pidiéndole, en momentos de zozobra, que guiase mis pasos.

         Hoy, como digo, es un día muy especial para mí, porque se me da la oportunidad de que os presente una joya singular, un cuadro verdaderamente notable, que por sus características especiales, sólo otras dos cofradías pueden presumir de tener algo igual y así y todo, el que hoy se nos presenta posee una característica que lo hace único, como ahora veremos.

         Ésta es una obra muy singular, es una de esas obras de arte que surgen, no simplemente debido a la inspiración artística de sus autores, lo cual es encomiable, sino que parece nacida del alma pura y sencilla de gentes a los que Dios no sólo les ha otorgado el don de poseer unas manos para el arte, sino que además les ha dado la virtud de tener unas almas que saben imprimir, lo mejor de ellos, en el blanco lienzo o como en este caso en una simple tabla.
         Sí han sabido dar las pinceladas precisas que lo hacen único, especial y entrañable.
         Este cuadro que hoy se presenta, además de haberse gestado en los talleres del conocido pintor malagueño Manuel Peláez y de la repujadora y grabadora de estaño al estilo antiguo, Maribel Romero, ha necesitado que se dieran en él, una serie de circunstancias para que lo hicieran posible.
         Podemos decir que, por su alta complejidad, sólo existen en las hermandades de nuestra ciudad, tres únicos cuadros de estas características, uno se encuentra en la Hermandad de la Virgen de la Sierra Coronada (Hermandad de Gloria, filial de la matriz cordobesa), otra es la que se realizó para nuestra querida cofradía del Rocío, la Novia de Málaga y la tercera es la que en esta ocasión estamos presentando y en la que han intervenido, una vez más, estos dos reputados artistas.  
         Es además un cuadro en el que se han mezclado de manera magistral dos técnicas diferentes.
         Para ello ha sido necesario, introducir en ese crisol de arte y amor, unos elementos precisos, como el de la habilidad, la técnica y el sentimiento de dos excepcionales artistas, pero además, y eso es algo que se deja entrever, en ese exclusivo crisol, han entrado dos almas limpias y cristianas, dos almas que se requieren y que se necesitan porque las dos forman parte de un todo. Manuel y Maribel comparten arte, amor y matrimonio y fruto de todo esto nace esa privativa manera de hacer arte. Podríamos decir que ellos le imprimen a sus creaciones esa huella digital de sus almas de artistas, ellos hacen poesía con sus cuadros, porque sus cuadros no son más que poemas sin palabras.
         Es esta una obra ejemplar, nacida como digo, del corazón, del sentimiento y de las remembranzas ancestrales de un hombre y de una mujer muy especiales, un matrimonio que ha sabido conjugar esos sentimientos cristianos con su arte, dotándole de un medio para la expresión, como pueden ser unos simples pinceles o buriles, o la frialdad de una tabla en blanco, para que surjan desde las profundidades de sus entrañas esas emociones tanto tiempo amontonadas y enclaustradas… pidiendo libertad.
         Es por tanto, este cuadro, este cartel, una obra policromática de gran belleza y de un sentimiento desbordado, donde Maribel Romero y Manuel Peláez, se han entregado en un derroche de emoción y amor que sus corazones han sabido reflejar hacia sus Vírgenes y Cristos, hacia estás tan queridas advocaciones nuestras, haciendo que luzcan, una vez más con una especial belleza esa Madre Santa de Consolación y de Lágrimas y ese Cristo martirizado, ese Santísimo Cristo de la Sangre derramada, al que tantas veces, tantísimas veces nos hemos encomendado a Él para que nos ayude en nuestras aflicciones, para que interceda por nosotros o por ese familiar o amigo que sufre postrado al que le han abandonado todo tipo de esperanzas terrenales.
         Yo he tenido el privilegio de ver este cuadro, cuando aún era un proyecto impreciso, cuando aún no se habían desatados los impulsos creativos de estos dos artistas.
         Delante de un lienzo blanco, muchas veces el artista se siente amenazado por ese impoluto albor del cuadro, pero de pronto los trazos de un carboncillo, hacen que esas imágenes que antes teníamos en nuestra mente, comiencen a materializarse. Después le imprimimos color y con él comienzan a disiparse nuestros miedos y nuestras dudas, y poco a poco comienzan a surgir, caras, figuras, paisajes y Cristos y Vírgenes.
         Delante de aquel cuadro, delante de aquel piropo al óleo y estaño, comenzaron a aparecer dos caras que a mí me hicieron estremecer. No puedo negaros el que una lágrima de emoción recorriera furtivamente mi rostro y es que allí vi las caras de mi Cristo de la Sangre y de mi Virgen de Consolación y con aquellas dos imágenes clavadas en el fondo de mi retina, no pude por menos que retrotraerme en el tiempo.
         Sí, aquellas inconclusas imágenes me trasladaron a otra época y sobre ellas vi la cara de mi padre y de mi madre, de mis padres terrenales ya fallecidos pero que me enseñaron a querer a Cristo y a su Santa Madre, y en aquellos rostros vi también a mi anciana abuela y recordé como me guiaba la mano, de rodillas en el viejo reclinatorio que había delante de la imagen del Cristo, para que aprendiera a persignarme. Y allí junto a mi abuela, nunca me sentí más grande e importante que cuando estaba de rodillas frente a mi Cristo y a mi Virgen.
         Aquella explosión de emociones que sentí al ver las imágenes, no me la provocó el arte de estos dos artistas, no fue ni tan siquiera esa magnifica composición o mixtura de estilos, fue todo eso y más y ese más no era otra cosa que el sentimiento que ambos artistas, cristianos, devotos habían sido capaces de imprimir en el cuadro.
         Yo sé, que Manuel Peláez, ha pasado muchas horas delante de este cuadro, unas veces, simplemente mirándolo, observándolo e incluso dialogando con él. Yo diría que incluso rezándole y pidiéndole el poder superar esos momentos difíciles por los que todos, de una manera o de otra, solemos pasar.
         Y Maribel, ese torbellino animoso, nervioso, siempre dispuesta, se sentaba junto a esas hojas de estaño, frías, amorfas, sin vida y con la paciencia del santo Job y la delicadeza y la dulzura con la que ella es capaz de hacerle puntillas hasta las nubes, comenzaba a acariciar con el buril aquel frágil estaño hasta desprender de él esas formas simétricas, armoniosas que luego serían trasplantadas a la tabla, como en un bello gesto de abrazo y gracias a ellos, allí, en este mundo de óleos y estaño se han dado cita nuestros sentimientos, los recuerdos, las emociones todo aquello que hemos vivido desde niño y que nos hace sentirnos orgullosos de llamarnos cristianos.
         Antes he dicho que es éste un cuadro único y es que sus creadores así lo han querido y para ello le han dotado de dos tipos de estaño, el estaño de plata y el estaño de oro y que bien podemos ver como los dos se funden en una misma composición simétrica.
         En un segundo plano, vemos como se refleja el impresionante templo de San Felipe Neri.
         Sí, esta antigua iglesia que tantos momentos de historia ha vivido, hoy está más bonita que nunca, gracias a las manos de otro excepcional pintor, como es Raúl Berzosa, y hoy vuelve a estremecerse ante el hecho singular de ver como nos congregamos para rendir culto a nuestras más queridas advocaciones, haciéndolo con este guiño en forma de arte.
         Pero San Felipe es para los que nos hemos dejado las rodillas jugando a la pelota a extramuros del templo, en la calle Gaona, para esos que encontramos la amistad e incluso el amor en las reuniones de jóvenes, aquí abajo en la cripta, para esos que hemos crecido bajo el manto de la Virgen de Consolación y de mi Cristo de la Sangre San Felipe es algo más, es la casa de nuestros padres celestiales y es también, la casa de todos nosotros.
         Manuel Peláez y Maribel Romero, con su obra, me han hecho revivir por unos intensos momentos muchas de las sensaciones que creía ya olvidadas, me han llevado, como en un ensoñamiento, a ser testigo etéreo de aquellas tardes caóticas de reparto de túnicas, aquí en San Felipe, ayudando a mi querido y siempre recordado Joaquín García, que en paz descansa, y he vuelto a profesar aquella contenida emoción, que cada año sentía cuando mis juveniles manos abrazaban el estandarte del Cristo. Cada Semana Santa sentía ese estremecimiento que compartía con mi querido amigo Carlos Fuentes, él llevaba el guión. Treinta y tres años he llevado mi estandarte, ahora mis fuerzas físicas ya no son las mismas y ya no puedo llevarlo e incluso ahora soy incapaz de terminar el recorrido procesional, aunque sólo sea como penitente detrás del trono, pero ese día, ese Miércoles Santo es y será para siempre un día muy especial, es el día en que les rezo con una especial devoción como queriéndome justificar, como pidiéndole disculpas a mi Cristo por no llevarlo sobre mis brazos.
         Hace unas semanas, cuando vi la cara de mi Cristo y de mi Virgen, en este impresionante cuadro, sentí que me sonreían y que me animaban para que fuera fuerte.
         Y ahí están, Madre e Hijo, Madre Dolorosa que pena ante su hijo crucificado y junto a ellos, uno de los símbolos de los cristianos malagueños, su catedral, esa manquita que por mo de la desidia de siglos de indiferencia se ha convertido, para algunos, como una alegoría de lo inacabado, de eso que empezamos y dejamos a medias los malagueños, de ese peine del que decimos que es malagueño para que no peine.
         Y coronando los dos flancos superiores de esta singular obra, vemos esas dos casas que nuestras advocaciones han tenido a lo largo de su historia y por donde han pasado legiones de devotos malagueños y malagueñas durante siglos. La iglesia de la Merced, para muchos, ahora casi olvidada, fue la que un mal día, unos corazones quebrados por las circunstancias, hicieron antorcha de tantos años de devociones, pero a nadie culpamos, Cristo nos enseña que para poder vivir en su seno, debemos vivir perdonando, perdonando a ese que fue nuestro amigo y que ahora por circunstancias, de él nos hemos distanciado. Sí, debemos perdonar, algo tan sencillo y que muchas veces tanto nos cuesta y que tanto nos distancia del verdadero amor a Cristo.
         Cristo nos enseña que debemos ser humildes y con esa humildad haremos que se nos abran las puertas de esa morada eterna a la que todos anhelamos alcanzar y si un día, nuestra querida Hermandad perdió una casa, hagamos hoy, no una casa, construyamos un hogar, porque la casa se hace de paredes, de suelos y de techos, pero un hogar se hace de amor, de perdón y de sueños.
         Al otro lado del cuadro vemos la iglesia de San Felipe Neri, la casa actual donde veneramos a nuestros Santísimos Padres, la casa donde hoy nos congregamos. Una iglesia, que como antes he apuntado, tanto significa para los que, como yo, esos niños de antes, fuera nuestro lugar de juegos, de rezos, de cenáculo de amigos y de encuentro con aquel primer amor.
         En los flancos inferiores de este cuadro retablo, se nos representan dos escenas de la Pasión de Nuestro Señor. Longinos a caballo se dispone a infringirle a Cristo una terrible herida en su costado divino y bajo la Cruz, esa Madre sin consuelo, esa madre que representa a todas las madres del mundo ante el sufrimiento por un hijo que sufre, por un hijo al que el Longinos de las enfermedades, de las adicciones, del desempleo, del desamor, de las miserias, ha tocado con su cruenta lanza. Pero ella, esta Virgen de Consolación y también de muchas Lágrimas, ahora desde este cuadro, nos va a estar diciendo a todos, que ella y su consuelo estarán siempre con todos nosotros, para que no desfallezcamos, que por muy grande que sintamos que es nuestra Cruz, más grande será nuestra recompensa, si no nos separamos de las enseñanzas que Cristo nos dio.
         Sin duda es este un cuadro que viene a hacer historia y que va a compartir, a partir de ahora, un sagrado espacio junto a otras grandes obras del arte sacro, fruto igualmente de esos corazones iluminados de los grandes artistas que atesora la archicofradía y que un día dejaron, como hoy lo hacen Maribel y Manuel, un cachito de su corazón en ellos.
         Yo sé que todo artista que refleje la imagen de Cristo o de la Virgen en un lienzo, al igual que estos dos poetas del arte, que hoy presento, han sentido que su obra ha estado iluminada por los reflejos divinos del Gran Hacedor, de ese gran artífice de almas que hoy y siempre nos guía los trazos que nosotros vamos haciendo con los pinceles de nuestras vidas.
         Hoy podríamos decir que se cumple un sueño mío y es que desde que vi el primer cuadro, de estas características, con esta bella simbiosis entre óleo y estaño, entre arte y sentimientos, siempre quise, como suele ocurrir en un hijo hacia sus padres, que mi Virgen y mi Cristo, que mi querida archicofradía de la Sangre contara con lo mejor, que contara con una de estas joyas hecha de sentimientos.
         Yo quiero darles las gracias a Manuel y a Maribel, dos en uno, dos corazones que un día se fundieron formando uno solo, dos maneras de hacer arte tan distintos que ellos han sabido convertirlo en un único estilo y quiero darles las gracias porque han hecho que hoy yo esté feliz, tan feliz que me ha parecido escuchar una leve sonrisa correteando entre las cinco lágrimas de perlas, de mi Madre divina, tan feliz que me ha parecido que se cerraban las cárdenas y purpúreas heridas de mi Cristo de la Sangre.
         Muchas gracias Maribel y Manuel, muchas gracias hermanos y hermanas cofrades y permítanme que me despida con un viva a la Virgen de Consolación y Lágrimas y del Santo Sudario y a su Hijo, nuestro Padre, el Santísimo Cristo de la Sangre. Vivan nuestros Santísimos titulares.



Comentario realizado por:
DIEGO CEANO GONZALEZ
Presidente de la Academia Malagueña de las Artes y las Letras
Santa María de la Victoria.


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